lunes, 15 de noviembre de 2010

Mi vida soñando

Otra vez al descompás del tiempo y la distancia. Instantes que se quedan una y otra vez en ya veremos después. Pero con la mente perdida entre hora y hora empiezo a sospechar que un día de éstos la vida dejará de andar en espiral. Y será el final de mis sueños de cuatro letras. Y entonces el resto me dará igual, porque lo habremos ganado todo. 

viernes, 8 de octubre de 2010

Emmène-moi au bout de la terre

La segunda primera vez que te vi esperaba de todo menos a ti. Y nos resumimos en cinco cañas. O puede que fueran seis, siete, u ocho… perdimos la cuenta. Y el tiempo. La gente madura pero no cambia, y el tiempo pasa lo mismo para todos. Esa energía tuya… no voy a decir nada que no piense. Estaba empezando a creer, pero qué injusta es la vida a ratos. Ça veut rien dire. Otra cosa es que no sepamos interpretarlo y se nos vaya la fuerza por la boca. Sabes lo que quiero decir, que con el tiempo he dejado de creer en promesas que viajan en avión. Y que en MadriZ ni todas las vísperas son las de después ni todas las verdades son universales. Pero puedo pintártelo todo color cereza y cobrarte todo el tiempo que me debes, que deber me debes un rato, aunque no sabría por dónde empezar a pedir… eso sí, lo que verdaderamente echo de menos es echarte de menos. O soñar con ello.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Carta a nuestras catástrofes

La sensación o la suerte, la suerte de mirarte, de quererte. De QUERERTE. La suerte y la casualidad, la ventura, el porvenir, el sino, el acaso, la circunstancia. La ciencia o la coincidencia. Co-in-ci-den-cia. O el destino, que ensucia los recuerdos, y los revuelve en el mismo cajón que los miedos y las ganas. Y olvidas por qué te morías unas veces de miedo y  otras de ganas, sin orden aparente, dependiendo de por dónde saliese el sol. Y lamentas no haberlo sabido antes, pero las palabras que no existen no nos pueden salvar. Y no hay instrucciones, y quien cree en el amor si apenas queda. Si lo único que queda es algo en cada esquina, en cada bar, en cada portal. Y sonríeme, y dime que siempre desayunas con café. Estoy pensando que qué vamos a hacer si ya no somos invencibles. Si soy capaz de romper ventanas para que te lluevan cristales, doblarte la distancia y sumar cien. Que la gente solo debería enamorarse cuando exista una buena historia, y ésta, joder, ésta es aún mejor. 

sábado, 4 de septiembre de 2010

Do início ao fim.

Deixar que os fatos sejan fatos naturalmente sem que sejam forjados para acontecer,
deixar que os olhos vejam os pequenos detalhes lentamente,
deixar que as coisas que eles circundam estejam siempre inértes como móveis inofensiveis
para lhe servir quando for preciso e nunca lhe causar danos.

martes, 10 de agosto de 2010

Dame los cuatro minutos que dura la canción.

Había olvidado por qué hacía ciertas cosas. Cosas de la rutina, supongo. Hasta que aparece alguien. Algo. Recordé por qué y todo volvió a empezar. Y aprendí que los silencios pueden decir mucho más que las palabras, y que una sonrisa puede derretir hasta el hielo. Que el miedo es tan humano como tú y como yo y que también forma parte de la historia como aliado, no como enemigo. Descubrí que hay algunos sueños de los que no despertaría nunca y que otros desaparecieron una vez saldadas las cuentas pendientes. Que todos los domingos pueden ser astrománticos. Que las borracheras las carga el diablo y que el mundo no gira para todos a igual velocidad. Que se puede vivir en un caos espacio-temporal si es acompañado. Tardé en olvidarte porque con el tiempo lo habías descubierto casi todo, mi mancha de nacimiento, mis debilidades, mi forma de sonreír. Aprendí que para enamorarme soy instantánea, como las polaroid, pero para olvidar soy justamente lo contrario. Y descubrí que cuando es, es cómodo, no da miedo, no asusta, y sobre todo es fácil. Sin complicaciones. Que sólo se puede tener miedo del futuro, que el pasado está hecho y el presente es hoy. Y de hoy no tengo miedo. Me sorprendí al reconocer que cada uno tiene su versión y que no existe una verdad universal, ni puta la falta que hace. Sentí que todos merecemos al menos una segunda oportunidad, y algunos incluso tres o cuatro, sólo para que no nos echemos de menos, si no de más. Y es curioso, supe que me sientan bien las camisetas de rayas sólo por tu manera de sonreír al abrir la puerta. Perdí la razón  y las ganas quedándome hasta el final y aflojé la cuerda justo un segundo antes de romper. Decidí una mañana de nieve que me iría contigo al fin del mundo, así, sin pensármelo dos veces y cuando tuve tiempo de pensarlo, entonces no quise pensar más. Que todo es más fácil cuando alguien te quiere con locura, aun a miles de kilómetros de distancia. Me tiré al precipicio sin red y con los ojos vendados, con la seguridad de que me vas a sujetar si me caigo. Descubrí que la afinidad la ordena el azar y que son las mismas elecciones las que harán que nos crucemos una y otra vez. Eché de menos MadriZ y encontré todo tal y como lo dejé en septiembre, hace ya casi un año. Pero no importa, he aceptado que hay planes que generan dudas como tendré que aceptar que nos sienta bien pelear…