viernes, 5 de marzo de 2010

Pasó lo que pasa siempre... la vida.

Aunque escribo menos no he perdido las ganas, pero aquí todo es tan intenso que cuesta expresarlo sin perder ni un poco de esa intensidad que lo llena todo, que se respira en el aire. Es París, cariño. Es esa ciudad a la que los que aún no se han ido ya están pensando en volver. Y los que estamos aquí no nos queremos marchar. Es la ciudad que ha conseguido que lo olvide todo. Menudo mérito. Aunque a veces pienso qué dirías si pensases por un momento que te estoy mintiendo.  Que resulta que no puedo aceptar que aún te eche de menos, y que este menos aún vaya a más. Y no sé ni dónde estás ahora, ni te voy a ir a buscar. Siempre nos sentó bien darnos guerra. No supe hacerlo de otra manera, las cosas no me convencían y con las mismas di media vuelta y me largué corriendo. Y ni que fuera la primera vez. Pero no importa, ya lo arreglaremos en algún momento, sé que estás bien, y por si te interesa, yo también. Sigo sin saber lo que quiero, pero sí lo que no quiero. Después de meses con más noches que la luna, de viajes sorpresa y distancias relativas, las cosas mejor al ritmo de mis ganas. Y cuando menos te lo esperas. Como una casualidad que no fue tanto. Como su risa. Su barba de tres días. Sus cuándonosvolveremosaver rápidos, secos e indoloros… como el francés y su traducción libre al portugués. 

lunes, 1 de febrero de 2010

- Hay muchos más peces en el mar.
- No.
- Eso dicen...
- Pues mienten.

lunes, 4 de enero de 2010

Te lo dije, si me das un roto te hago un descosido.


No vale. No vale que digas que no era el momento. Los momentos son los que son y punto, no se pueden elegir, no son la excusa. Y llegas como si nada, y a la cuarta protestas porque te he dirigido tres palabras y tres borderías, y tú no eres así, y me miras y pones esa cara de me importas y jaque mate a los ciento veintitrés argumentos que he repetido durante el último mes y medio. Que los dos sabíamos que esto iba a pasar, tú sabías que yo venía (y viceversa). Y evito tus ojos en un esfuerzo por hacerte entender que las cosas no funcionan así, que era el peor momento y qué, que te habría bajado la luna si lo hubieras pedido. Y ya ni te escucho, ya sólo pienso en la manera tan tonta de complicarme la vida, y en ójala no te hubiera conocido nunca, y en que hubiera sido capaz de apostármelo todo a doble o nada, y en el te lo dije de la rubia. No me dijiste nada. No dije nada porque para mí hay ciertas cosas que están im-plí-ci-tas cuando se demuestran, si sólo faltaba un cartel de eh, idiota, que me encantas. Y tú decides por tu cuenta y riesgo que seis meses no son nada, que a la vuelta será más fácil, que todo será como antes. Y me río porque en ese razonamiento has dejado fuera infinitas variables mientras finjo sin éxito que has dejado de importarme. Y haces que ya no sepa si me muero de ganas de llorar o de matarte por el mes y medio que me has hecho pasar. Las cosas claras, pero tú por tu parte y yo por la mía, o eso es lo que querías. Eso sí, has perdido todo el derecho a preguntar si hay alguien más. Cada vez (te) entiendo menos.


Pequeña sonrisa de Amélie… me tienes ganado. 

lunes, 14 de diciembre de 2009

Hace tiempo que no te digo que te quiero infinito

Odio que tu sonrisa sea menos sonrisa que antes, que ahora sólo sonríes a media voz. Odio que estés triste y no poder hacer nada por evitarlo. Que la terapia de grupo está bien pero necesito saber que vuelves a disfrutar de tu tiempo sola. Como antes, que siempre sabías qué hacer: ir a ver el último estreno, a comer a ese restaurante recién inaugurado, a ver cualquier exposición con pinta interesante... que a ti nunca te ha importado hacer lo que fuera sola. No como yo, que a mí eso no me termina de convencer. Odio todo lo malo que te pasa porque soy capaz de somatizarlo sin darme cuenta. Si pudiera dibujaría una burbuja a tu alrededor, así con el dedo, para que siempre estuvieras a salvo de lo que hace daño. Créeme, has sido muy valiente al distinguir las comas de los puntos y aparte. De reconocer que la historia sólo podía continuar con un párrafo nuevo. Y aunque he concentrado tanto mis esfuerzos en que sufrieses un poquito menos que he olvidado todo lo me preocupaba antes de venir aquí, echo de menos tu sonrisa de vamosahacerloquenosdélagana y qué importa lo demás. Igual el frío de París consigue congelar todos los recuerdos que te duelen y nos deja disfrutar de los paseos en invierno con las manos en los bolsillos y el sol pegándonos en la cara...


Sé que serán unos 23 muy especiales. Con dos días de retraso, felicidades rubia.

martes, 1 de diciembre de 2009

Quieres saber cuándo vas a dejar de arreglarte el maquillaje cada vez que pienses hacia atrás. Yo no puedo contestar a  eso, lo que sí puedo decirte es que ese día llega. 




Y si no mírame a mí, que hace un año era incapaz de escuchar su voz y respirar a la vez.