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martes, 1 de diciembre de 2009

Quieres saber cuándo vas a dejar de arreglarte el maquillaje cada vez que pienses hacia atrás. Yo no puedo contestar a  eso, lo que sí puedo decirte es que ese día llega. 




Y si no mírame a mí, que hace un año era incapaz de escuchar su voz y respirar a la vez. 

lunes, 20 de julio de 2009

Capaz o incapaz. Capaz.

Felicidad en estado puro, brutal, natural, volcánico, lo mejor del mundo. Mejor que mirar la ciudad desde la azotea, que los momentos para coleccionar, que Quique cantándome desde mi ipod. Mejor que el chocolate, que un sex on the beach, mejor que un orgasmo. Mejor que una puesta de sol en la playa, que un billete de huida de la rutina, mejor que el aire golpeándote la cara. Mejor que habernos encontrado, que combinar donuts con manzanas, que apostar lo que nunca me voy a dejar ganar. Mejor que un beso húmedo, que una llamada inesperada, que sonreír y que te sonrían. Mejor que las cartas sobre la mesa, que oír que te vas y no que huyes, mejor que dejarte sin aire, sin ropa, sin fuerzas. Mejor que volar, que la serie completa de How i met your mother, mejor que el sol por la ventana. Mejor que oír la lluvia desde la cama, que una herida que no duele, mejor que los deseos prohibidos -mejor que caer en la tentación-. Mejor que las historias intermitentes, que una llamada a medianoche, que una lluvia de estrellas. Mejor que una cerveza en buena compañía, que una mirada cómplice, que un final feliz, mejor que escribirte una canción. Mejor que la libertad... mejor que la vida.

miércoles, 8 de julio de 2009

No hay sol que me acueste.

Mientras (des)espero siento la necesidad de llamar a las cosas por su nombre, de atar unas cosas y desatar otras, de dejarlo todo absolutamente cerrado sin remedios ni intermedios, pero no digas a nadie que no llegué a tiempo. Nueva etapa, nueva vida, nuevas expectativas, si pierdo la batalla no importa, he aprendido a lamerme yo sola las heridas. No me hace(s) falta más. Una vez descubres que la vida es demasiado corta respiras tan fuerte que se rompe el aire (tú lo sabes). Y me haces sonreír cientocincuentaytres veces en media hora, y lates que te siento hasta sin tocarte. Con la sensación de haberse alineado los planetas me siento extrañamente bien, el calor me sienta extrañamente bien, París y tú, perdón, París y TÚ, me sentáis extrañamente bien. Sobredosis de risas y sonrisas, y empiezo a acumular fuerzas para septiembre; pero hasta ese momento sigo aquí, para cuando el azúcar te sepa a sal. Para cuando el mundo se te quede grande, grande, grande.

*Y es que yo en Madrid y tú en París…, era demasiado lejos (y sólo se me ocurría una manera).

miércoles, 27 de mayo de 2009

Puedo partirme y negociar la otra mitad (o felices veintitrés).

Recordaré mis veintidós por las postales que he recibido desde cada rincón del mundo en el que has estado. Por el verano que disfruté como una enana de principio a fin, y te descubrí, nos descubrimos, aún más (si cabe). Por un septiembre de despedidas, otra vez. Por la llamada al móvil de tu madre en la que tú cogiste el teléfono para decirme que ese cinco de octubre ya estabas en Madrid. Por haberme acostumbrado a tenerte lejos, y aún así seguir recibiendo cada email con la misma ilusión que el primero. Por descubrir que aún hay personas capaces de sorprenderme una y otra vez. Por el olor a hospital, a miedo, a angustia… a pérdida por partida doble en noviembre y diciembre, y por aprender de ti toda una lección de fortaleza. Por un concierto increíble, Quique, en medio de una triste navidad. Por la sensación indescriptible de despertar a tu lado por última vez y saber que ésa iba a ser la última vez; me dejé olvidado el corazón bajo tu almohada. Borraría el único momento en toda mi vida en el que sentí la necesidad, literal, de salir corriendo, y lo hice (a cambio descubrí que algo en mi vida tenía que cambiar). Por lo que me costó asumir que la mejor distancia es la mayor, y por el mes de febrero, con sus veintiocho días y veintiocho noches, en las que curé casi sin darme cuenta mis heridas. Por las ganas con las que hemos esperado todas las semanas a que llegase el viernes. Por la mezcla de ilusión y tristeza, en distintas proporciones, al confirmar que los veintitrés iban a ser vingt-trois y que los veinticuatro no iba a cumplirlos aquí. Por todas las veces que me has pedido que no me vaya con razones cada vez más ingeniosas, y por cómo aprendí a esquivar las preguntas que no podía responder siendo fiel a la verdad. Por un viaje inesperado tras el cual descubrí que hay sueños que se cumplen, que nada es imposible, y si no que os lo digan a vosotros (C&A). Por toda la gente que he conocido, uno por uno, en tan poco tiempo, y la satisfacción de haber hecho lo correcto por una vez. Por confiarte las tardes perdidas en la cafetería de la escuela arreglando el (mi) mundo para que la brújula volviera a marcar el norte. Por todas las miradas que no necesitan palabras. Por haber llegado por fin esa mañana en la que desperté con la seguridad de que no volvería a ser ni por todo el oro del mundo, lo siento, tú te lo pierdes. Por cómo has conseguido disipar, tú, casitodas mis dudas de una en una, acortando todas las distancias prudenciales. Por tu manera de decir no te lo he contado porque me gustas. Volvería a vivir los milcuatrocientosesentaynueve besos una noche de mayo cualquiera, cualquier día te tatúo las líneas de mi piel.
Por un año más... por un año menos.





miércoles, 8 de abril de 2009

Deseos de cosas imposibles.

Si existiera alguna manera me encantaría recibir un informe con los datos estadísticos de toda mi vida. La cantidad de veces que he besado clasificadas de 0 a 100 en función del contenido en pasión o cuántos centímetros cúbicos de lágrimas he derramado desde mi primer llanto. El número (infinito) de sonrisas que he dedicado y me han dedicado, o la cantidad de veces que he pronunciado (o escrito) la palabra infinito por cada mil palabras. Las pulsaciones medias por minuto cada vez que estás cerca, el número de veces que he dicho te quiero o la edad media de todas las personas que he conocido a lo largo de estos veintidóscasitres años. La cantidad exacta de botones desabrochados y los orgasmos alcanzados medidos en decibelios A. Las veces que me he enfadado sin razón, con razón, con corazón, y la cantidad de ellas que lo olvidé en menos de seis minutos. Las veces que tropecé con la misma piedra, los metros de cuerda de los que tiré hasta que se rompió, los centímetros cúbicos de arena desalojada por mis huellas. El número de secretos que he guardado, los que aún guardo, y las veces que me han traicionado contadas en cicatrices en el alma y en la piel. Los mensajes que he enviado, y los que empecé pero nunca envié. La cantidad de horas que he pasado escuchando mi canción favorita, las que la he tarareado, las que ha sonado por casualidad. Las personas que he conocido también por casualidad, los segundos que he pasado echando de menos y los que han pasado echándome de menos. Los pasos que he dado hacia delante y los que dado hacia atrás, los kilómetros que he recorrido, las veces que he pronunciado tu nombre…


(…y los días que tardé en descubrir que odiaba estar hoy a diez centímetros de ti y mañana a diez años luz. Muchos, demasiados.)

domingo, 5 de abril de 2009

Y Entonces Ocurre

Vuelvo a ser la chica de las cientocincuentaytres sonrisas cada media hora, las carreras por el defecto de puntualidad, la que olvida el móvil en cualquier rincón. La que ordena sus ideas de camino a la escuela y tiene tan mala cabeza que lo arregla escribiéndose en la mano la vida en verso. La que desea que se pase pronto el frío para pasar todas las noches de verano tomando la luna, esperando que baje un cometa o pase un platillo volante. La chica convencida que la primavera no es una estación sino un estado, y colecciona fotos que encuentra por ahí. La que espera cada semana que llegue el viernes para comprobar que en las calles de Madrid tienes suficiente para no dormir. Y en menos de medio año en París, y volver al vicio de enloquecer al personal entre las dos. La misma que necesitó poner tiempo de por medio para mirarlo con la conciencia tranquila, con la rabia precisa. Y dejar de invertir en causas perdidas.

Cuelgo las zapatillas de huir deprisa. Está prohibido pensar. He bajado la bandera, vuelvo a estar en pie de paz cansada de pasar veinticuatro horas diarias a la defensiva convencida de que las emociones son armas de doble filo. Quiero que me cuentes dónde estabas entonces, a qué dedicas las horas perdidas, pero no necesito velocidad, con este tiempo cualquiera está en el momento, en el lugar. Qué te hace sonreír de esa manera. Abandono la cuerda floja sin un pie decidiendo si me dejo caer o pongo el otro para caminar, esta vez sólo saltaré si me da la gana.


Y todos mirando para ver hasta dónde llega el salto.

viernes, 20 de marzo de 2009

Asustada de ser lo contrario de lo que soñé.

Inventora de palabras mudas. Buscadora de tesoros bajo tu piel. Falta de alguien como tú pero que no seas tú. Fiel a tu boca y mi intención (y viceversa). Practicante de la religión de sus ojos y antídoto contra el veneno de sus besos. Ocupante de los espacios donde miras. Especialista en tu cara(dura) bonita. Impuntual sólo por llevarle la contraria al reloj. Suspensa en mentiras por decir que ya no te echo de menos. Adivina del fin de tus frases. Experta en ocultarle a mis ojos el reflejo de mi alma. Necesitada de una gran dosis diaria de sonrisas. (Mal)Acostumbrada a conseguir (casi) todo lo que quiero cuando quiero. Amante de los silencios que lo dicen todo. Traidora de promesas que no valen nada. Enganchada a hacer la guerra en tu cama. Blanco perfecto de la casualidad. Coleccionista de momentos, secretos y segundos. Aprendiz de mis errores.

Encantada de ser lo contrario de lo que soñé.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Regálale la silla donde te esperó.

Hoy he vuelto a soñar con un lugar que no sé ni donde está. Donde es horrible el miedo incontenible. Donde todo parece demasiado auténtico para ser fingido. Donde siento que no voy, que el equilibrio es imposible y he dejado de seguirte porque creo que en el fondo ya no hay nada (de nada). Donde lo podríamos haber hecho a tu manera pero nos hubiera llevado años. Donde ir con el alma al aire se ha convertido en algo así como venga, pasa y revuelve a tu antojo. Donde las apariencias engañan, o duelen, o ambas, o ninguna… y las promesas no valen nada (de nada). Donde la decepción es la más amarga de las sensaciones y no hay peor ciego que el que no quiere ver. Donde el ritmo lo marcan los latidos por segundo y no obedece a ningún principio activo conocido. Donde todas las fotos son a contraluz y sigo intentando encontrarle a tu voz el argumento. Donde el silencio se hace cada vez más raro y la ropa siempre combina bien con el suelo de su cuarto. Donde da igual que estés aquí o allí, la magia borra todas las pisadas. Donde a veces se me olvida que el mundo gira en un sentido absurdo, que las casualidades se escriben en un papel, que nunca se puede decir nunca (ja)más, ja! Todo va a salir bien, otra vez. Quizá mejor esta vez. Donde cada vez importan menos cosas, pero importan más.




Con un peso menos encima y cinco años más de vida.

lunes, 16 de febrero de 2009

Desde hace tiempo si me permites, todo va fenomenal.....

Eso es, todo va fenomenal. Mis inseguridades cicatrizan mucho más deprisa desde que ha cambiado el punto de vista, desde que me siento más segura vestida con ojitos y una amplia sonrisa, la mía. Impaciente sin medida, pero acabarás por perder el control más antes que después (o eso espero) y es ahí donde empezaremos a jugar. Que es cierto que tengo el síndrome de la huida acentuada pero podemos llegar a un acuerdo con menos plazos en el calendario. Y no quiero, pero esto puede derivar en una guerra y se me ocurren cien maneras distintas de ganar y convertirme en tu pensamiento más oscuro, en tu dulce locura, en tu nueva perdición. Y el que avisa deja de ser un traidor.



Que no me gusta perder ni a las chapas.

domingo, 11 de enero de 2009

La vida te lleva por caminos raros

Tú acumulabas trofeos mientras soñabas con ganar algún día el mundial; yo soñaba con ser cualquier cosa que no fuese arquitecto. Tú enredabas durante horas los dedos en mi pelo; yo descubría un mundo desconocido en tus ojos verdes a juego con la línea de metro que volaba hasta tu casa. Tú sonreías al verme vestida de uniforme, yo aprendí a poner cara de no haber roto un plato -cuánto me ha servido después-. Tú presumías de conquistas, yo aprendía la destreza de las manos lentas debajo de la ropa. Cuántas tardes tirados en un parque del que no supe jamás el nombre... nunca te dije que yo era de besos lentos y fuiste la primera vez que lloré. Qué niños éramos.

Con el tiempo tú cambiaste el mundial por la economía y yo... yo nunca me convertí en bailarina.
Para V. con nostalgia.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Eres fuerte, y mucho, lo que pasa que no lo sabes. Aún.

Créeme que lo pienso y me lo digo sesenta veces cada minuto, sesenta minutos cada hora, veinticuatro horas cada día. Por si de tanto repetirlo al final me lo acabo creyendo. Y mantener el tipo nunca ha sido lo mío… pero esta vez están en juego las tres personas más importantes de mi vida. Y sé que ésta, por muy dura que se presente la batalla, también la vamos a superar entre los cuatro. Por mucho que se nos haya torcido la vida en una semana. Por mucho que ahora las lágrimas me impidan ver más allá. Por mucho que tenga que aprender a llorar hacia dentro mientras pongo mi mejor sonrisa por fuera.

martes, 25 de noviembre de 2008

Últimamente no tengo corazón

Cuento hasta diez para no perder la calma. Puedo mirar a quien me mira, soñar con quien me sueña, pensar sólo en quien me piensa. Mejor cuento hasta veinte. No quiero hacerte (más) daño. Puedo pensar que no hay nadie más, desear que no haya nadie más. Treinta y uno, treinta y dos... Crees que puedes conformarte con un beso. Quieres creerlo. Crees que puedes esperar a que yo me dé cuenta de que puedes hacerme feliz. Cuarenta y cinco. Podríamos tirar del tiempo a ver si tenemos suerte. Pero tu tiempo es sólo tuyo, lo hemos hablado un millón de veces. Sesenta, sesenta y uno, sesenta y dos… Podría acostumbrar a mi corazón a que se acelere cuando te acerques, a que de un vuelco si me tocas, a que me impida respirar con normalidad si me besas. Setenta. A ser feliz contigo, si es que se deja. Setenta y cinco. No negaré que a veces duela pero te mentiría si supiese por dónde empezar. Ochenta y uno, ochenta y dos… Me faltan las palabras para gritar en silencio que no, que no tengo besos de sobra, y por mucho que quiera no puedo elegir con quien soñar. Noventa y siete, noventa y ocho, noventa y nueve…



Al segundo cien descubrí que nada de esto tiene sentido e hice un pacto con el cielo, infinito.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Tengo la cabeza llena de pájaros a menos de un mes de exámenes. Para ser sinceros no me importa demasiado, me paso las horas (re)ordenando mi lista de prioridades. Gracias a ello he descubierto que mis miedos han caído casi a la altura de la bolsa y que a cambio, mis sueños duplican el valor de sus acciones a una velocidad que no soy capaz de asimilar. Así que todos los que tenéis alguna espero que os sirva como dosis extra de optimismo, especialmente tú que te quedaste con más del cincuenta por ciento y a día de hoy, tienes el control de mis sueños. Pero no te descuides porque me siento capaz de todo, hasta de recuperarlo. He perdido el miedo a vivir, a equivocarme, a ser feliz. Empiezo a pensar que algo o alguien hace el trabajo duro mientras yo me dedico a cerrar los ojos y desearlo mucho. Y así es como se van cumpliendo, uno por uno. Ahora que lo pienso podría probar también con los tuyos y encontrar así el punto donde convergen los sueños, los nuestros...

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Enséñame tus manos

- Te podria describir cómo es tu mano y las lineas...sin mirártelas...
- Tengo millones de líneas...
- Seguro que tienes las tres líneas principales muy marcadas... ¿eres diestra?
- Sí.
- Vamos a hacer una prueba a ver qué pasa... mírate la mano derecha, a ver si es así, mano pequeña ¿verdad? Tienes tres líneas principales, la de arriba es la emocional, seguro que está muy marcada, profunda, quizá con algun tipo de trazado, y acaba justo debajo del dedo corazón pero en vez de hacia arriba más bien recta hacia el final...
- Sí, muy marcada y con trazado, más o menos recta sí...
- Justo lo que esperaba... La emocional era fácil, porque eres una tía con una gran intensidad emocional, muy muy sensible, y tiendes a la inestabilidad emocional y a no expresar los sentimientos... vamos a hacer otro intento a ver si acierto... ¿ves dos líneas más? otra horizontal a mitad de la mano, ésa es la línea intelectual, y otra que genera casi un cuarto de círculo en torno a la base del pulgar, la de la vida.
- Sí, la intelectual y la emocional casi paralelas, la otra la veo también...
- Espera, sin pistas. La intelectual para empezar está muy marcada, e inclinada... formando un ángulo con la horizontal, ¿30 grados más o menos?
- Más o menos...
- Y en su comienzo está unida a la línea de la vida, de hecho están muy cerca...
- Unidas...
- ¿En todo su trayecto?
- No, al comienzo sólo...
- ¿Están cerca?
- Más o menos... no sé cuánto es cerca para ti...
- Me lo imagino, a grandes rasgos esto es: eres una tía con inquietudes intelectuales, dependiente de la gente, no demasiado, pero te gusta tener a alguien cerca, precavida por lo general... y creativa.
- Sí, bueno, bastante precavida...
- Más... a lo largo de la línea intelectual, más tirando al final, juraría que sale una línea más pequeña, una especie de bifurcación.
- ¡Salen muchas líneas! Tengo la mano llena de líneas... ¿al final para la derecha o para la izquierda? ¿Hacia arriba o hacia abajo?
- Hacia la izquierda y hacia abajo, la tienes seguro...
- Sí, hacia la izquierda y hacia abajo sí, es enorme y está unida a la emocional...
- Eso esperaba... es la línea del escritor.
- En realidad en vez de tres líneas, tengo cuatro muy marcadas, como una M.
- Ya, eso creía... más cosas, mírate el pulgar. En lo que tú consideras el final del pulgar, donde empieza la palma ¿ves una especie de trencita?
- Sí...
- Eso está bien, das importancia a tu familia, a tus raíces... ¿ves que el pulgar tiene dos partes? No estoy segura de cuál tienes más larga, diría que la parte de abajo, pero no puedo afirmarlo con rotundidad...
- Un poco más la de abajo, pero no mucho más, casi iguales.
- Lo sabía, ¡soy bruja!
- Lo que estás es loca...
- Supongo que todo este volcán emocional que tienes lo intentas ocultar, tendrás las uñas más o menos decentes ¿no?
- Sí, más o menos decentes...
- Los dedos... diría que para tener una mano pequeña no tienes los dedos pequeños.
- Bueno, más o menos largos dentro de la pequeñez...
- Tal y como esperaba, tiendes a acabar las cosas que empiezas... no eres tan eficiente como la gente de dedos cortos pero te tomas tu tiempo para terminar lo que empiezas.
- ¿La gente de dedos cortos es más eficiente?
- No es eficiente la palabra... son capaces de hacer más cosas a la vez, más rapido... aunque un poco más chapuzas. A ver, acércate la mano... ¿tienes algo torcido el dedo corazón hacia el dedo índice?
- Un poco torcido, pero no mucho...
- Bien, orgullosita... ¿Tienes el dedo anular un poco torcido?
- Un poco, sí...
- ¿Hacia dónde? ¿hacia el corazón?
- Hacia el pequeñín, pero no un poco, bastante torcido.
- Jajaja, eso creía... ése es tu miedo a presentarte a concursos, porque crees que lo que haces no es suficientemente bueno.
- ¿Eso explica todos mis miedos?
- Todos no... solo los relativos al ámbito creativo. Espera, falta una cosa... ¿ves el montecito que genera la línea de la vida? En la base del pulgar, en la parte inferior derecha de la mano, ¿está mullidita no?
- Sí...
- Tampoco espera menos jajajajajajaja...
- Um... ¿eso qué significa?
- Momento de expectación... eso es... gusto por los placeres carnales.
- Jajajajajajajajaja.... entonces no tan mullidita... empieza a incomodarme la situación...
- Todo se sabe... nunca lo había hecho a la inversa, es toda una experiencia... por último, ¿tienes unas líneas horizontales en el perfil izquierdo de la mano? En la parte media-baja...
- Sí, tengo mil, cortitas y horizontales, a lo largo de todo el perfil...
- Lo suponía... significa que no te gusta la rutina, que necesitas que cada día sea distinto al siguiente,y que te gusta viajar.
- Bueno, bueno...
- No está mal para conocerte de cuatro días... mañana te enseño la mía para que veas que no todas las manos son iguales.
- Me muero de ganas de comprobarlo...

Y así es como ayer mis dudas acerca de la quiromancia fueron menos infinitas... Ahora, descuida que te deje hacerme también un análisis grafológico, y no tendré nada más que esconder.

jueves, 9 de octubre de 2008

Personal (e intrasferible)

Soy más fuerte de lo que piensas, más fácil de lo que piensas. Ni negro ni blanco, entre los extremos siempre hay más espacio. Si tú quieres, yo no. Si yo quiero, pues tú no. Desbordantes ganas de vivir, cientos de sueños y deseos a cumplir, una montaña rusa emocional. Soy un millón de besos que no me dio tiempo a darte aquella vez. Y otros tantos motivos que me sobran pero me faltas tú sobre la cama. No soy ni contigo ni sin ti, y puedo decir que esta maldita paradoja me puede sólo a veces (¿puedes decirlo tú?) Esquinazo constante a mis ganas de fingir, a cualquier excusa es buena para abandonar. Soy cobarde e indecisa, y de disculpa fácil, pero no me des la razón si los dos sabemos que no la tengo. De (son)risa fácil, muy fácil, demasiado fácil. Soy la parte de tu destino que se quedó conmigo, los pedazos de una historia que nunca estuvo entera. Soy mi reflejo en tu mirada, mi vida a través de tus ojos. Los primeros acordes de esa canción que hace que recuerde tu cuerpo y olvide los nombres. El olor de tu cuello que he secuestrado sólo para dormir mejor. El Tiempo que se para (literal) si estás cerca, un escalofrío si me tocas, rojitas las orejas si me besas. Soy la búsqueda de la palabra exacta en un diccionario incompleto. La falta que me haces y las cosas que nunca te digo (porque tú también eres un cobarde y podrías asustarte). Soy la mirada que se aparta aunque me pilles una y otra vez. La última entrega de la colección de puestas de sol y lunas llenas que guardo para ti. La canción que suena una y otra vez en mi mp3 y después resuena sin parar en mi cabeza. Soy el ímpetu que le pongo a frenar las ganas de verte otra vez, de evitar lo inevitable, la magia para olvidar lo fácil que se olvida. Un movimiento fuera de tiempo. Soy aprendiz de técnicas para olvidar algo que nunca tuvo lugar, y cómo se consigue eso…

lunes, 6 de octubre de 2008

Fiebre del sábado noche

Tras dos días en cama y con un paquete de clínex cual prolongación de mi mano, ¡vuelvo a respirar! Qué sencillo parece (pese a que alguien me dijo una vez que no lo hacía bien) y la tortura en que se puede convertir cuando el ejército de virus que dominan MadriZ me ha elegido entre los seis millones de personas, como la víctima perfecta, así pequeñita, con las defensas (y otras cosas) a flor de piel… claro, se ve de lejos que soy de oponer poca resistencia, que dirías tú. No mejoro ni gracias a todo un arsenal de paracetamoles y antitusígenos (viva la industria farmacéutica) que o son de efecto retardado, o los virus en cuestión la han tomado conmigo, pero empiezan a sucederse daños colaterales y en mi familia van cayendo uno por uno. No quiero pensar que tengo nada que ver, pero ellos opinan todo lo contrario, y creo que están planeando ponerme en cuarentena.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Volvió el Tiempo a mi reloj


¿Me está convirtiendo el Tiempo en una puerta imposible de franquear? ¿en qué momento he decidido que merece la pena perderme tantas cosas sólo por lo que pueda pasar, sólo porque luego vaya a doler? ¿a qué tengo miedo, a reír y a llorar luego? ¿no es eso un poco la vida, dejar de estar de paso, dejar de vivir entre líneas, tener algo que recordar? ¿estoy real y completamente desengañada? ¿cuándo me volví tan egoísta como para no importarme hacer daño mientras sea yo la que en ninguno de todos los casos posibles salga perjudicada? ¿dónde se ha quedado la presunción de inocencia, el margen de confianza? y si eres tú el que me hace replantearme mis esquemas, íntimamente aceptados desde hace tiempo, si eres tú el que se ríe y me dice que esto no funciona así, que esto del amor lleva su ritmo y hace y deshace a su gusto, que no se puede estar siempre echando el freno… si hasta te permites el lujo de decirme que torres más altas han caído… y si realmente me lo estoy planteando en serio por primera vez en mucho tiempo ¿no será que empiezo a ganarle la batalla al olvido? ¿no será que el olvido, el miedo y yo, somos multitud? ¿no será que no hay nada que ese mismo Tiempo no cure?

lunes, 22 de septiembre de 2008

SinConPasión

He recogido uno a uno los pedazos sueltos de esta historia, los he arrugado y los he lanzado con remordimiento ecológico por la ventana. Sí, por la ventana, para no volver a verlos jamás, que si los tiro a la papelera es probable que en cuanto me descuide vuelvan a pulular por aquí. Y las cosas si se hacen, es para hacerlas bien. Así que con las mismas he decidido que ya está bien, que cuanto más lejos mejor, que a partir de hoy me importa(rá) menos cada día. Y ya que me he levantado con el valor subido podré decir que todo era mentira, que no había nadie para comparar la situación, igual diré que es una coincidencia, que no tengo nada que ver... pero eso sí, con la boca pequeña. No es que me arrepienta, pero cómo puedo tener tanta cabeza para unas cosas (bip bip) y después verlas venir y esperar sentada. No sé cuanto va a durar este repentino ataque de valentía, pero por lo menos tendrás que reconocerme el (enésimo) intento y dejar de decir que pienso mucho, hablo poco y resuelvo menos -que no digo que te falte razón-. Hasta aquí asunto zanjado, así que ya sabes, orgullosa de mí hasta el infinito.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Sobre lo que quiero

Quiero viajar a la India, Nueva York, Japón, Brasil y Rusia por este orden. Quiero que abandones pronto París y vuelvas a MadriZ. Quiero sacarte de mi cabeza y olvidar esta historia de una vez (o quizá no). Quiero aprender a decidir sin pensar en las consecuencias. Quiero acabar la carrera e independizarme cuanto antes. Quiero irme fuera y que cuando vuelva, todo haya cambiado, yo haya cambiado. Quiero seguir riendo por todo como hasta ahora. Quiero que te sigas sorprendiendo como hasta ahora. Quiero que sigamos haciendo millones de planes, a largo plazo, como hasta ahora. Quiero dejar de morderme la voz por lo que puedas pensar. Quiero un beso de película cada mañana. Quiero recorrer tu piel hasta aprender cada recodo de memoria. Quiero cumplir cientos de propósitos y que no se queden en éso. Quiero arriesgar y acertar. Quiero que nunca desaparezca la niña que llevo dentro. Quiero que siempre estés ahí para sujetarme si me caigo. Quiero, por una vez, ser irracional hasta la médula, olvidarlo todo, enamorar y enamorarme...

Y sobre todo, lo que quiero es que un día cualquiera, no sé cómo, ni con qué pretexto, por fin me necesites. Y tenerte cerca toda la vida, que se acaben por fin las despedidas.

martes, 27 de mayo de 2008

Me falta el aliento

He descubierto que para el tiempo hay más medidas que las que da el reloj o el calendario. Que he confundido las demostraciones de amor con el amor, y el amor con la rutina. Que la felicidad en pequeñas dosis sabe mejor, si no, se atraganta. Que las medicinas no sólo se venden en las farmacias... (tú eres mi envenenada medicina)

He aprendido a pensar menos unas veces, más otras. Que a mí me ocurren las mismas cosas que a todo el mundo, pero no sé por qué, me afectan más. Me he repetido todo el tiempo lo que quiero acabar creyendo y de tanto repetirlo (y repetírtelo), se va a acabar volviendo verdad. Y eso que está aquello de ten cuidado con lo que sueñas que a veces hasta se cumple... Todo es cuestión de actitud. Y no se puede vivir inventando excusas a tiempo completo; en algún momento se acaban los argumentos y descubres cuántas cosas te has perdido en la lucha contra no-se-qué que te has empeñado en frenar contra viento y marea.

Que ha sido un año duro, el que más de los que puedo recordar, pero igual de intenso en lo malo que en lo bueno; los momentos malos, malísimos, pero los buenos... de los que no se olvidan. Y hasta eso es como todo; después de la tormenta siempre llega la calma, y sólo queda parar, retomar el aliento, y continuar. Hacia atrás, ni para tomar impulso, que diría mi madre. Puedo decir que he vuelto a mi vida de siempre, la que nunca debí abandonar, porque se me estaban olvidando mis sueños, y hoy, a mis veintidós recién cumplidos, he decidido que vale la pena equivocarse y correr el riesgo de acertar.

Con respecto a ti, y ahora que vas a estar otra vez aquí... cuántoteheechadodemenos.



Felices 22.