Si existiera alguna manera me encantaría recibir un informe con los datos estadísticos de toda mi vida. La cantidad de veces que he besado clasificadas de 0 a 100 en función del contenido en pasión o cuántos centímetros cúbicos de lágrimas he derramado desde mi primer llanto. El número (infinito) de sonrisas que he dedicado y me han dedicado, o la cantidad de veces que he pronunciado (o escrito) la palabra infinito por cada mil palabras. Las pulsaciones medias por minuto cada vez que estás cerca, el número de veces que he dicho te quiero o la edad media de todas las personas que he conocido a lo largo de estos veintidóscasitres años. La cantidad exacta de botones desabrochados y los orgasmos alcanzados medidos en decibelios A. Las veces que me he enfadado sin razón, con razón, con corazón, y la cantidad de ellas que lo olvidé en menos de seis minutos. Las veces que tropecé con la misma piedra, los metros de cuerda de los que tiré hasta que se rompió, los centímetros cúbicos de arena desalojada por mis huellas. El número de secretos que he guardado, los que aún guardo, y las veces que me han traicionado contadas en cicatrices en el alma y en la piel. Los mensajes que he enviado, y los que empecé pero nunca envié. La cantidad de horas que he pasado escuchando mi canción favorita, las que la he tarareado, las que ha sonado por casualidad. Las personas que he conocido también por casualidad, los segundos que he pasado echando de menos y los que han pasado echándome de menos. Los pasos que he dado hacia delante y los que dado hacia atrás, los kilómetros que he recorrido, las veces que he pronunciado tu nombre…miércoles, 8 de abril de 2009
Deseos de cosas imposibles.
Si existiera alguna manera me encantaría recibir un informe con los datos estadísticos de toda mi vida. La cantidad de veces que he besado clasificadas de 0 a 100 en función del contenido en pasión o cuántos centímetros cúbicos de lágrimas he derramado desde mi primer llanto. El número (infinito) de sonrisas que he dedicado y me han dedicado, o la cantidad de veces que he pronunciado (o escrito) la palabra infinito por cada mil palabras. Las pulsaciones medias por minuto cada vez que estás cerca, el número de veces que he dicho te quiero o la edad media de todas las personas que he conocido a lo largo de estos veintidóscasitres años. La cantidad exacta de botones desabrochados y los orgasmos alcanzados medidos en decibelios A. Las veces que me he enfadado sin razón, con razón, con corazón, y la cantidad de ellas que lo olvidé en menos de seis minutos. Las veces que tropecé con la misma piedra, los metros de cuerda de los que tiré hasta que se rompió, los centímetros cúbicos de arena desalojada por mis huellas. El número de secretos que he guardado, los que aún guardo, y las veces que me han traicionado contadas en cicatrices en el alma y en la piel. Los mensajes que he enviado, y los que empecé pero nunca envié. La cantidad de horas que he pasado escuchando mi canción favorita, las que la he tarareado, las que ha sonado por casualidad. Las personas que he conocido también por casualidad, los segundos que he pasado echando de menos y los que han pasado echándome de menos. Los pasos que he dado hacia delante y los que dado hacia atrás, los kilómetros que he recorrido, las veces que he pronunciado tu nombre…domingo, 5 de abril de 2009
Y Entonces Ocurre
Vuelvo a ser la chica de las cientocincuentaytres sonrisas cada media hora, las carreras por el defecto de puntualidad, la que olvida el móvil en cualquier rincón. La que ordena sus ideas de camino a la escuela y tiene tan mala cabeza que lo arregla escribiéndose en la mano la vida en verso. La que desea que se pase pronto el frío para pasar todas las noches de verano tomando la luna, esperando que baje un cometa o pase un platillo volante. La chica convencida que la primavera no es una estación sino un estado, y colecciona fotos que encuentra por ahí. La que espera cada semana que llegue el viernes para comprobar que en las calles de Madrid tienes suficiente para no dormir. Y en menos de medio año en París, y volver al vicio de enloquecer al personal entre las dos. La misma que necesitó poner tiempo de por medio para mirarlo con la conciencia tranquila, con la rabia precisa. Y dejar de invertir en causas perdidas.
Y todos mirando para ver hasta dónde llega el salto.
viernes, 20 de marzo de 2009
Asustada de ser lo contrario de lo que soñé.
Inventora de palabras mudas. Buscadora de tesoros bajo tu piel. Falta de alguien como tú pero que no seas tú. Fiel a tu boca y mi intención (y viceversa). Practicante de la religión de sus ojos y antídoto contra el veneno de sus besos. Ocupante de los espacios donde miras. Especialista en tu cara(dura) bonita. Impuntual sólo por llevarle la contraria al reloj. Suspensa en mentiras por decir que ya no te echo de menos. Adivina del fin de tus frases. Experta en ocultarle a mis ojos el reflejo de mi alma. Necesitada de una gran dosis diaria de sonrisas. (Mal)Acostumbrada a conseguir (casi) todo lo que quiero cuando quiero. Amante de los silencios que lo dicen todo. Traidora de promesas que no valen nada. Enganchada a hacer la guerra en tu cama. Blanco perfecto de la casualidad. Coleccionista de momentos, secretos y segundos. Aprendiz de mis errores.viernes, 13 de marzo de 2009
Que se ponga el sol por donde quiera.

No estaba del todo enterrado. Fue quitarle el plástico transparente que lo protegía y se cubrió de arañazos. Exactamente igual que la vez anterior. Pensé que podría ser por una vez como esas personas que no quitan el plástico durante meses para que no se raye, para que siempre esté comonuevo (que no nuevo). Pero antes o después se acaba rayando por el lado que no tiene plástico, no importa cuánto cuidado hayas tenido. A menos que lo entierres en una caja, plástico incluido, pero reconozcámoslo, pierde todo el sentido.
No había vuelto a pensar en ello. Me había acostumbrado a llevar la mochila puesta, tanto que me había olvidado de ella. Es hora de dejar los malos recuerdos por el camino, pesan demasiado. Y entonces seré capaz de mirar hacia atrás y pensar de una vez que todo lo que he ganado merece tanto o más la pena que lo que decidí dejar. Más, sin duda. Tienes razón, no fue para tanto y hace mucho que ha dejado de tener sentido. Adiós a todo lo que tenga que ver contigo.
