lunes, 4 de enero de 2010

Te lo dije, si me das un roto te hago un descosido.


No vale. No vale que digas que no era el momento. Los momentos son los que son y punto, no se pueden elegir, no son la excusa. Y llegas como si nada, y a la cuarta protestas porque te he dirigido tres palabras y tres borderías, y tú no eres así, y me miras y pones esa cara de me importas y jaque mate a los ciento veintitrés argumentos que he repetido durante el último mes y medio. Que los dos sabíamos que esto iba a pasar, tú sabías que yo venía (y viceversa). Y evito tus ojos en un esfuerzo por hacerte entender que las cosas no funcionan así, que era el peor momento y qué, que te habría bajado la luna si lo hubieras pedido. Y ya ni te escucho, ya sólo pienso en la manera tan tonta de complicarme la vida, y en ójala no te hubiera conocido nunca, y en que hubiera sido capaz de apostármelo todo a doble o nada, y en el te lo dije de la rubia. No me dijiste nada. No dije nada porque para mí hay ciertas cosas que están im-plí-ci-tas cuando se demuestran, si sólo faltaba un cartel de eh, idiota, que me encantas. Y tú decides por tu cuenta y riesgo que seis meses no son nada, que a la vuelta será más fácil, que todo será como antes. Y me río porque en ese razonamiento has dejado fuera infinitas variables mientras finjo sin éxito que has dejado de importarme. Y haces que ya no sepa si me muero de ganas de llorar o de matarte por el mes y medio que me has hecho pasar. Las cosas claras, pero tú por tu parte y yo por la mía, o eso es lo que querías. Eso sí, has perdido todo el derecho a preguntar si hay alguien más. Cada vez (te) entiendo menos.


Pequeña sonrisa de Amélie… me tienes ganado. 

lunes, 14 de diciembre de 2009

Hace tiempo que no te digo que te quiero infinito

Odio que tu sonrisa sea menos sonrisa que antes, que ahora sólo sonríes a media voz. Odio que estés triste y no poder hacer nada por evitarlo. Que la terapia de grupo está bien pero necesito saber que vuelves a disfrutar de tu tiempo sola. Como antes, que siempre sabías qué hacer: ir a ver el último estreno, a comer a ese restaurante recién inaugurado, a ver cualquier exposición con pinta interesante... que a ti nunca te ha importado hacer lo que fuera sola. No como yo, que a mí eso no me termina de convencer. Odio todo lo malo que te pasa porque soy capaz de somatizarlo sin darme cuenta. Si pudiera dibujaría una burbuja a tu alrededor, así con el dedo, para que siempre estuvieras a salvo de lo que hace daño. Créeme, has sido muy valiente al distinguir las comas de los puntos y aparte. De reconocer que la historia sólo podía continuar con un párrafo nuevo. Y aunque he concentrado tanto mis esfuerzos en que sufrieses un poquito menos que he olvidado todo lo me preocupaba antes de venir aquí, echo de menos tu sonrisa de vamosahacerloquenosdélagana y qué importa lo demás. Igual el frío de París consigue congelar todos los recuerdos que te duelen y nos deja disfrutar de los paseos en invierno con las manos en los bolsillos y el sol pegándonos en la cara...


Sé que serán unos 23 muy especiales. Con dos días de retraso, felicidades rubia.

martes, 1 de diciembre de 2009

Quieres saber cuándo vas a dejar de arreglarte el maquillaje cada vez que pienses hacia atrás. Yo no puedo contestar a  eso, lo que sí puedo decirte es que ese día llega. 




Y si no mírame a mí, que hace un año era incapaz de escuchar su voz y respirar a la vez. 

lunes, 9 de noviembre de 2009

Vamos a comernos tú y yo el mundo.

Reconozco que ha sido complicado empezar en París, y créeme, lo has hecho mucho más fácil. Eres impulsiva, rebelde, un animal social. Serías capaz de mover cielo y tierra hasta conseguir eso que te has propuesto. Juzgas a la gente muy deprisa, demasiado, pero igual para lo malo que para lo bueno. He descubierto muchas cosas de ti, que haces demasiadas listas, tantas que haces hasta listas de las listas; que tienes muy buen despertar (eso me encanta); que te sientes más granadina que alicantina; que eres muy amiga de tus amigos. Tú no lo sabes, pero me has hecho sonreír hasta en los días malos. Tienes tus cosas, por supuesto, como ser capaz de amontonar todo tu armario encima de la cama y después meterte a dormir debajo como si nada. O escuchar la misma canción veintisiete veces seguidas. Tu francés me da tanta envidia como tu capacidad de decir las cosas que piensas tal y como las piensas. Seguridad y fortaleza como tarjeta de presentación, hay que cruzar la barrera. De las que nunca lloran. Confieso que tenía ciertas dudas al principio, pero aunque lo dijera entre copa y copa conocerte es de lo mejorcito que me ha pasado desde que llegué. Y tengo claro que si no nos hubiésemos conocido habría sido... otro Erasmus.


Para R. con todo el cariño del mundo.

domingo, 18 de octubre de 2009

La vie parisienne.



Aterricé un 9 de septiembre con cuatro maletas y la incertidumbre pintada en la cara. De eso hace ya un mes y medio y de las dudas iniciales, ni rastro. Una vez pasado el círculo burocrático sin fin, el abrazo mortal parisino, todo ha sido mejorar. Hemos aprovechado hasta el último segundo de buen tiempo y cómo lo hemos agradecido, sobre todo ahora que el frío empieza a asomar la carita. Han pasado tantas cosas en tan poco tiempo que ya he olvidado algunas; curiosamente echo de menos cosas que jamás imaginé y ni me he acordado de otras que me parecían imprescindibles. He conocido gente que espero guardar para siempre y me estoy acostumbrando a vivir en una ciudad donde adoran el papeleo de manera enfermiza, odian el dinero en efectivo y pese a ser la ciudad más visitada del mundo no cuidan nada a sus turistas. Eso sí, tienen por costumbre regalarse flores sin ser un día especial, comen dulces de los que desconozco hasta el nombre y cada calle parece la protagonista principal de una postal. Nunca ha sido más mentira eso de me tomo una cerveza y me voy que desde que estoy aquí, y temo que a final de año seré toda una experta en vinos de módico precio. Me despierto y no sé dónde voy a acabar el día, se acumulan cientos de planes y descansar se ha convertido en un placer relegado al último día de la semana, para coger fuerzas y vuelta a empezar. No te gustará saber que los chicos franceses son guapísimos y que pese a tus deseos, aún no se han extinguido. Pero no importa, a pesar de no tener ni un segundo libre, de vivir en una ciudad mágica, y de que tú seas desde hace tres semanas el ingeniero más ocupado del mundo me sigues encantando porque contigo todo ha sido fácil desde el principio, sin condiciones, sin complicaciones. Y que sí, que me muero de ganas de volver para recordarte por qué todo es posible.