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lunes, 9 de noviembre de 2009

Vamos a comernos tú y yo el mundo.

Reconozco que ha sido complicado empezar en París, y créeme, lo has hecho mucho más fácil. Eres impulsiva, rebelde, un animal social. Serías capaz de mover cielo y tierra hasta conseguir eso que te has propuesto. Juzgas a la gente muy deprisa, demasiado, pero igual para lo malo que para lo bueno. He descubierto muchas cosas de ti, que haces demasiadas listas, tantas que haces hasta listas de las listas; que tienes muy buen despertar (eso me encanta); que te sientes más granadina que alicantina; que eres muy amiga de tus amigos. Tú no lo sabes, pero me has hecho sonreír hasta en los días malos. Tienes tus cosas, por supuesto, como ser capaz de amontonar todo tu armario encima de la cama y después meterte a dormir debajo como si nada. O escuchar la misma canción veintisiete veces seguidas. Tu francés me da tanta envidia como tu capacidad de decir las cosas que piensas tal y como las piensas. Seguridad y fortaleza como tarjeta de presentación, hay que cruzar la barrera. De las que nunca lloran. Confieso que tenía ciertas dudas al principio, pero aunque lo dijera entre copa y copa conocerte es de lo mejorcito que me ha pasado desde que llegué. Y tengo claro que si no nos hubiésemos conocido habría sido... otro Erasmus.


Para R. con todo el cariño del mundo.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Y yo me quedo aquí a tu lado, y el mundo me parece más amable, más humano. Menos raro.


Al menos todo sirvió para darme cuenta de que lo único que echaba de menos era encontrar una persona que mereciese la pena. Y tú la mereces, y mucho. Lo supe los primeros cinco minutos, entre las 3.44 y las 3.49.
Y es una verdadera putada saber que me podría acostumbrar en un momento a tu olor. Y a tu sonrisa. A tu sonrisa también.
Me gustas cinco veces más de lo que pienso admitir.

domingo, 5 de julio de 2009

ChicaPop

Ella es una ChicaPop
frágil como Marilyn por Warhol
y gira, grita.


No puede evitar fumar,
te mira y no sabe mirar,
se pega como tierra mojada.


Ella es una ChicaPop
atrapada en papel fotográfico.
se entretiene en mirar a través del cristal.

domingo, 8 de marzo de 2009

Volveré a los sitios donde nunca he estado como vuelvo siempre al punto de partida.

Si me diesen la oportunidad no lo dudaría ni un momento. Suenas como si nadie te hubiera contado nunca que hay sueños que sí se cumplen, que hay destinos que van de la mano, que se tocan por muy paralelos que discurran. Como si nadie te hubiera contado que las líneas paralelas convergen en el infinito, la sensación intangible más parecida a cinco años mirando hacia otro lado, hacia el lado equivocado. Pero la eternidad no existe porque cada momento es el ahora, porque es imposible el miedo incontenible y le has ganado la partida. Cuéntale que has decidido que algo en tu vida tiene que cambiar… y que hoy es el día. Pídele una tregua al tiempo y cuéntale que de sus ojos nacen tus ochocientos veintisiete motivos.

Nadie que no seas tú va a concederte esa oportunidad.


Y no te olvides de acariciar la luna que se está volviendo loca.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Regálale la silla donde te esperó.

Hoy he vuelto a soñar con un lugar que no sé ni donde está. Donde es horrible el miedo incontenible. Donde todo parece demasiado auténtico para ser fingido. Donde siento que no voy, que el equilibrio es imposible y he dejado de seguirte porque creo que en el fondo ya no hay nada (de nada). Donde lo podríamos haber hecho a tu manera pero nos hubiera llevado años. Donde ir con el alma al aire se ha convertido en algo así como venga, pasa y revuelve a tu antojo. Donde las apariencias engañan, o duelen, o ambas, o ninguna… y las promesas no valen nada (de nada). Donde la decepción es la más amarga de las sensaciones y no hay peor ciego que el que no quiere ver. Donde el ritmo lo marcan los latidos por segundo y no obedece a ningún principio activo conocido. Donde todas las fotos son a contraluz y sigo intentando encontrarle a tu voz el argumento. Donde el silencio se hace cada vez más raro y la ropa siempre combina bien con el suelo de su cuarto. Donde da igual que estés aquí o allí, la magia borra todas las pisadas. Donde a veces se me olvida que el mundo gira en un sentido absurdo, que las casualidades se escriben en un papel, que nunca se puede decir nunca (ja)más, ja! Todo va a salir bien, otra vez. Quizá mejor esta vez. Donde cada vez importan menos cosas, pero importan más.




Con un peso menos encima y cinco años más de vida.

lunes, 23 de febrero de 2009

Cada momento vivido. Cada maleta cerrada. Cada uno de mis amigos.


No voy a decirte cuánto voy a echarte de menos si me marcho. Al menos no todavía. Sería como contar de uno hasta infinito. Y siempre podemos hacer como si no pasase nada hasta que sea realmente inevitable. Lo que tú quieras.
Gracias a los dos por un fin de semana para no olvidar.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Me gusta la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse...



...con ganas de todo al mismo tiempo. La gente que baila bajo la lluvia y se olvida a menudo del tiempo y otras adicciones. La gente que se deja la piel y siempre sonríe, como en un estado permanente de emoción. La gente que habla de lugares en los que aún no he estado y hace que lo sienta como mi próximo destino. La gente que limita sus preocupaciones, que parece no tener miedo a nada, que siempre ve el vaso medio lleno. La gente que sueña con cambiar el mundo, que tiene sangre en las venas. La gente que sueña. La gente que escribe su propia historia y deja de estar de paso. La gente que me sorprende una y otra vez, que no da nada por perdido, que dice las verdades a la cara. La gente que despierta mi curiosidad más (in)sana. La gente a la que le brilla el alma en los ojos, que aguanta con fuerza la mirada, que no se permite hacerte daño. La gente que consigue que el tiempo sea un puto intruso, la que deja huella, la que te agarra por dentro...fuerte.

lunes, 26 de enero de 2009

Y todo tiende a huir y vuelve a empezar, y cambia de impresión cada vez que respiras.

Enero se fue de puntillas y apenas me enteré. Volví de París, agotada, con la sensación de haberme dejado allí una parte de mí y los días acabaron por convencerme de que es mucho mejor así. Paseé a orillas del Sena, compartí una chocolatina con un taxista, pronuncié mi número de móvil en inglés y en francés, y tuve que reconocer que sí, que en el fondo me gusta como suena le français. Paseé toda una tarde bajo la lluvia y me sentí más niña que nunca cuando encontré la foto más bonita del mundo, allí colgada, gritándome que te la trajese. Y te la traje. Perdí al tenis pero me hice imbatible en las carreras, no tengo rival como piloto. Hice mil planes y por primera vez, no cumplí ni uno solo. Descubrí que allí los chinos no son tan chinos, que los franceses borrachos son un coñazo y que el pain au chocolat no es más que una napolitana de chocolate con mejor sonoridad. Comprobé con asombro que el metro cierra más tarde los fines de semana, y que el vino en botella sabe mejor. Que allí todo sabe dulce, beben cerveza de frambuesa, agua con sirope de melocotón... y París me supo a ti mientras dormía la siesta sobre tu colchón. Me sorprendí de lo distintas que eran ahora nuestras vidas y se me ocurrieron mil motivos más que añadir mientras sonaba Wonderwall una y otra vez. Tomé aire, respiré hondo e hice un pulso cabeza y corazón para descubrir que el egoísmo es inherente a algunos seres humanos. Volví a perder el control como he perdido la capacidad de entender, si es que alguna vez la tuve, y me quedaron cosas por decir, pero menos. No quieres (dejarme) descubrir si la distancia hace el olvido. Cargué las pilas, disfruté de una ciudad llena de locos y dejé mil cosas por hacer. Para la próxima.

Ya lo sabes, te espero la primera semana de marzo...

domingo, 11 de enero de 2009

La vida te lleva por caminos raros

Tú acumulabas trofeos mientras soñabas con ganar algún día el mundial; yo soñaba con ser cualquier cosa que no fuese arquitecto. Tú enredabas durante horas los dedos en mi pelo; yo descubría un mundo desconocido en tus ojos verdes a juego con la línea de metro que volaba hasta tu casa. Tú sonreías al verme vestida de uniforme, yo aprendí a poner cara de no haber roto un plato -cuánto me ha servido después-. Tú presumías de conquistas, yo aprendía la destreza de las manos lentas debajo de la ropa. Cuántas tardes tirados en un parque del que no supe jamás el nombre... nunca te dije que yo era de besos lentos y fuiste la primera vez que lloré. Qué niños éramos.

Con el tiempo tú cambiaste el mundial por la economía y yo... yo nunca me convertí en bailarina.
Para V. con nostalgia.

viernes, 9 de enero de 2009

Borré todas mis huellas por no correr detrás de mi pasado

A nueve días del nuevoañonueve todo sigue casi igual. Diciembre dejó cicatrices que duelen cada día un poco más, cada semana un poco menos. La vida me puso a prueba y yo puse (muy) en entredicho su valor. Y el mío, eternamente cuestionado, volvió a gritarme que no, que no valgo para echarle un pulso, que estoy muy tierna todavía. A tiempo, eso sí, de haber evitado cualquier daño colateral con nombre propio de experto en los timbres de mi voz. A nueve días me he preguntado dónde han quedado las reglas del juego ahora que éste se ha vuelto otro. Las que acordamos y las que, al menos yo, perdí por el camino. Quizá me cansé de jugar pero me faltó el valor para abandonar(te). Y ahora que lo he reunido, el tiempo se ha diluido en las últimas lágrimas que llevan tu nombre, que no le sientan bien a mis ganas de besarte, de cogerte con vicio, de quitarte la ropa, de perder la calma, de sudar contigo. Se esfuman las ganas junto a los besos (y otras cosas) que ni nos dimos, ni nos dijimos. Amanecerán días más fríos y me tendré que acostumbrar...

-Este mes has sido toda una valiente.
-Lástima que la cobardía me haya ganado la batalla casi al final. Otra vez.

martes, 9 de diciembre de 2008



Haznos un favor a todos los que te queremos y vuelve pronto a sonreír. Aún no sé cómo, pero lo superaremos.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Cuántas cosas han cambiado desde que no nos miramos

Olvídalo absolutamente todo, volvamos a empezar. Ven aquí y cómeme a besos hasta que el espacio y el tiempo pierdan el sentido. Mírame como sólo tú sabes y te juro que en ese instante soy capaz de ordenar que se detengan todos los relojes del mundo. Abrázame hasta que me duela, hasta que me falte el aire, hasta que tenga que besarte para no morir de asfixia. Ponte muy serio y dime que tu amor no tiene dueño pero que conmigo vas a hacer una excepción para toda la vida. Sonríeme si te digo que cuento el tiempo que falta para volver a vernos. Quítame la ropa, despacio, hasta que pierda el control y sólo me quede rendirme. Dime al oído que has decidido recuperar cada una de las horas perdidas. Mátame a cosquillas hasta que me cueste respirar con normalidad. Préstame tus alas cuando esté a punto de caer, o cáete conmigo porque si estamos juntos nada malo puede sucedernos. Tírame una bola de papel desde tu terraza que diga de tu puño y letra que no puedes esperar para volver a verme. Lárgate cada mañana besándome a traición. Convéncete de que el miedo solo es la excusa para no intentarlo, y que no tenemos nada que perder… y algo que ganar si nos sale bien.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Y es que tú y yo ya no somos como el resto del mundo

Pierden el tiempo, las dos están perdidamente enamoradas. Pero han decidido que no es el momento a pesar de ser plenamente conscientes de que lo suyo sigue ahí, flotando en el aire, igual que al principio. Se han concedido una última noche para después seguir con su vidas comosinohubierapasadonada. Pero han descubierto demasiado tarde que ha sido peor el remedio que la enfermedad.

Cada día me gusta(s) más.

Me cuentas que ahora está enfadada mientras pienso en la mejor manera de abrirte los ojos y evitar otra historia sin final, y justo cuando estoy a punto de encontrar la solución te oigo decir que saliste corriendo detrás de ella, cómo no ibas a hacerlo si ella es lo más importante de tu vida, que se subió a un autobús sin destino conocido y tú te subiste detrás, sin perder ni un solo segundo en pensar en nada más. Se me caen todos los esquemas a la altura de los zapatos y no puedo evitar enfadarme, solo un poco, que ya sabes que contigo no sé enfadarme. Ella es lo más importante de tu vida, y sin embargo la estás dejando marchar. Te quiere, y tú la quieres, pero os puede el orgullo a las dos. Yo lo veo clarísimo, pero está visto que desde fuera las cosas siempre se ven de otra manera. Te sabes bien la teoría, dijiste, pero suspendes en la práctica...



...y ya no supe qué decir.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Sólo es cuestión de una mirada, un gesto, un guiño, una señal

Veinticuatro horas sin dormir después llego a casa al tiempo que la ciudad empieza a despertar –malditos atascos, maldita ciudad, maldita escuela-. Aprovecho como puedo las dos horas que quedan y enfilo a la universidad mientras pienso cuántas ganas tengo de acabar con este ritmo que me mata. La clase se convierte en una especie de murmullo monótono, qué ganas tiene esta mujer de hablar. Te miro y me río, tampoco has dormido y estás a punto de cabecear en la silla. Aun sonrío cuando recuerdo cómo entraste de golpe en mi vida hace ya más de cuatro años. Nos sentamos al lado la primera clase de nuestra historia universitaria, matemáticas I, y todas las que vinieron después ese primer año. Recuerdo exactamente lo que pensé de ti. A partir de ahí nos faltaron horas para compartir risas y agobios a partes iguales, para ponernos al día de nuestra vida anterior a la universidad. Hoy falta una pieza del puzzle, y nos costó mucho asumirlo, en mi caso porque me quedé sin elegirlo con el papel más difícil, en el tuyo porque fuiste la primera sorprendida. Pero el tiempo pone todo, y a todos, en su lugar.

Anoche, pese a no haber dormido, fue una de las mejores noches en mucho tiempo y mientras el taxi cruzaba Madrid no podía dejar de pensar qué va a pasar cuando todo esto se acabe y vuelvas a tu ciudad, algo que tarde o temprano va a suceder. Y no podemos dejarnos absolutamente nada por hacer, así que vamos a empezar ya...

domingo, 9 de noviembre de 2008

El problema no es dejar sino el vacío que se crea entre dejar y asimilar

Aún hay gente que piensa que estamos juntos, no se dan cuenta que hace años que dejaron de brillarme los ojos al mirarte. A veces lo hago y no puedo evitar pensar cómo sería todo de distinto si nunca nos hubiéramos roto el alma en pedazos. Me creí incapaz de recomponerla, pensando que algunos se quedarían por ahí perdidos, y olvidados dejando espacios vacíos, culpables de que nada, empezando por mí misma, volviese a ser igual. No he querido a nadie como te quise a ti y nunca me importó nada de lo que el mundo tuviese que opinar. Me quisiste primero y me enseñaste a quererte después, con la dulzura y la paciencia infinita de la primera vez. Y casi sin darme cuenta dejé de respirar mi aire para respirar el que tú respirabas, y sólo el que tú respirabas. Dejé de pensar primero en mí para que tú fueses la única prioridad. Me pilló de nuevas, sin haber aprendido todavía que no se puede ir por la vida dándolo todo sin una coraza que te proteja cuando se tuerzan las cosas. Me quedé sin fuerzas hasta para soñar mis sueños; soñaba los tuyos. Y de la noche a la mañana tuve que aprender a vivir sin ti, en una lucha que yo creía perdida de antemano. Enfermé de tristeza. Sufrí con todas mis fuerzas, como sólo sufren los que aman con todo el alma, sin reservas, sin armaduras que valgan. Pasé noches buscando con verdadera desesperación la manera de recomponer una historia destrozada. Y me quedé sin lágrimas al mismo tiempo que descubrí que no había más cuerda de la que tirar porque hacía tiempo que estaba rota. Egoístamente nunca me paré a pensar si yo habría dejado en ti el mismo vacío que tú dejaste en mí. Tampoco te lo pregunté. Me dediqué a odiarte con todas mis ganas, me odié por haberte querido alguna vez, y mucho más por no poder dejar de hacerlo. Me volví a equivocar y con el tiempo le gané la batalla a mis recuerdos. Hoy es una etapa más de mi vida que está completamente cerrada. Y superada. Hemos aprendido a convivir marcando unos límites que nunca pactamos pero que los dos conocemos. Y aunque no te lo digo, deseo con toda mi alma, de nuevo intacta, que seas feliz. Pero sigo preguntándome por qué, casi tres años más tarde, soy incapaz de quedarme con lo bueno dejando que sean los malos recuerdos los que hagan sombra y empañen la historia.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Enséñame tus manos

- Te podria describir cómo es tu mano y las lineas...sin mirártelas...
- Tengo millones de líneas...
- Seguro que tienes las tres líneas principales muy marcadas... ¿eres diestra?
- Sí.
- Vamos a hacer una prueba a ver qué pasa... mírate la mano derecha, a ver si es así, mano pequeña ¿verdad? Tienes tres líneas principales, la de arriba es la emocional, seguro que está muy marcada, profunda, quizá con algun tipo de trazado, y acaba justo debajo del dedo corazón pero en vez de hacia arriba más bien recta hacia el final...
- Sí, muy marcada y con trazado, más o menos recta sí...
- Justo lo que esperaba... La emocional era fácil, porque eres una tía con una gran intensidad emocional, muy muy sensible, y tiendes a la inestabilidad emocional y a no expresar los sentimientos... vamos a hacer otro intento a ver si acierto... ¿ves dos líneas más? otra horizontal a mitad de la mano, ésa es la línea intelectual, y otra que genera casi un cuarto de círculo en torno a la base del pulgar, la de la vida.
- Sí, la intelectual y la emocional casi paralelas, la otra la veo también...
- Espera, sin pistas. La intelectual para empezar está muy marcada, e inclinada... formando un ángulo con la horizontal, ¿30 grados más o menos?
- Más o menos...
- Y en su comienzo está unida a la línea de la vida, de hecho están muy cerca...
- Unidas...
- ¿En todo su trayecto?
- No, al comienzo sólo...
- ¿Están cerca?
- Más o menos... no sé cuánto es cerca para ti...
- Me lo imagino, a grandes rasgos esto es: eres una tía con inquietudes intelectuales, dependiente de la gente, no demasiado, pero te gusta tener a alguien cerca, precavida por lo general... y creativa.
- Sí, bueno, bastante precavida...
- Más... a lo largo de la línea intelectual, más tirando al final, juraría que sale una línea más pequeña, una especie de bifurcación.
- ¡Salen muchas líneas! Tengo la mano llena de líneas... ¿al final para la derecha o para la izquierda? ¿Hacia arriba o hacia abajo?
- Hacia la izquierda y hacia abajo, la tienes seguro...
- Sí, hacia la izquierda y hacia abajo sí, es enorme y está unida a la emocional...
- Eso esperaba... es la línea del escritor.
- En realidad en vez de tres líneas, tengo cuatro muy marcadas, como una M.
- Ya, eso creía... más cosas, mírate el pulgar. En lo que tú consideras el final del pulgar, donde empieza la palma ¿ves una especie de trencita?
- Sí...
- Eso está bien, das importancia a tu familia, a tus raíces... ¿ves que el pulgar tiene dos partes? No estoy segura de cuál tienes más larga, diría que la parte de abajo, pero no puedo afirmarlo con rotundidad...
- Un poco más la de abajo, pero no mucho más, casi iguales.
- Lo sabía, ¡soy bruja!
- Lo que estás es loca...
- Supongo que todo este volcán emocional que tienes lo intentas ocultar, tendrás las uñas más o menos decentes ¿no?
- Sí, más o menos decentes...
- Los dedos... diría que para tener una mano pequeña no tienes los dedos pequeños.
- Bueno, más o menos largos dentro de la pequeñez...
- Tal y como esperaba, tiendes a acabar las cosas que empiezas... no eres tan eficiente como la gente de dedos cortos pero te tomas tu tiempo para terminar lo que empiezas.
- ¿La gente de dedos cortos es más eficiente?
- No es eficiente la palabra... son capaces de hacer más cosas a la vez, más rapido... aunque un poco más chapuzas. A ver, acércate la mano... ¿tienes algo torcido el dedo corazón hacia el dedo índice?
- Un poco torcido, pero no mucho...
- Bien, orgullosita... ¿Tienes el dedo anular un poco torcido?
- Un poco, sí...
- ¿Hacia dónde? ¿hacia el corazón?
- Hacia el pequeñín, pero no un poco, bastante torcido.
- Jajaja, eso creía... ése es tu miedo a presentarte a concursos, porque crees que lo que haces no es suficientemente bueno.
- ¿Eso explica todos mis miedos?
- Todos no... solo los relativos al ámbito creativo. Espera, falta una cosa... ¿ves el montecito que genera la línea de la vida? En la base del pulgar, en la parte inferior derecha de la mano, ¿está mullidita no?
- Sí...
- Tampoco espera menos jajajajajajaja...
- Um... ¿eso qué significa?
- Momento de expectación... eso es... gusto por los placeres carnales.
- Jajajajajajajajaja.... entonces no tan mullidita... empieza a incomodarme la situación...
- Todo se sabe... nunca lo había hecho a la inversa, es toda una experiencia... por último, ¿tienes unas líneas horizontales en el perfil izquierdo de la mano? En la parte media-baja...
- Sí, tengo mil, cortitas y horizontales, a lo largo de todo el perfil...
- Lo suponía... significa que no te gusta la rutina, que necesitas que cada día sea distinto al siguiente,y que te gusta viajar.
- Bueno, bueno...
- No está mal para conocerte de cuatro días... mañana te enseño la mía para que veas que no todas las manos son iguales.
- Me muero de ganas de comprobarlo...

Y así es como ayer mis dudas acerca de la quiromancia fueron menos infinitas... Ahora, descuida que te deje hacerme también un análisis grafológico, y no tendré nada más que esconder.

domingo, 26 de octubre de 2008

Aunque tú no lo sepas

Quiero encender los lunes en tu espalda... y una tormenta después. No hay mucho que hacer, aparte es estar despiertos en la cama, ya pueden caer las torres de Manhattan... comernos a besos y marcar con mis huellas digitales cada milímetro de tu piel para que puedan acusarme con todos los cargos cuando pequemos de vicio al traspasarnos una y otra vez. Como me traspasa tu mirada de arriba a abajo, frente a la mía de abajo a arriba, mientras besas mi frente que queda justo a la altura de tus labios. Ellos, que son protagonistas de mis sueños con cita una vez a la semana y asombrosa puntualidad una y otra vez. Semanas que se pasan a la sombra del teléfono esperando oír sólo lo que quiero escuchar y nunca vas a decir. O leer algo parecido en un mensaje de madrugada, ésos que dicen cosas de las que (haces que) te arrepientes por la mañana. La mañana, subo la ventana, la calma, caricias, tu respiración… tu almohada, tus ojos, tu mirada... dejemos que la luna se quede esta vez a mirar. Y abrázame después hasta que duerma, y cuando suspire retírate a tu espacio, para que el más dulce de los escalofríos me despierte en medio de la noche cuando me abraces de nuevo. Y que sea porque no puedes dormir porque siempre estás soñando, en invierno con el sol... con las nubes en verano. Convertirme por derecho en protagonista absoluta de todos tus sueños, como lo son tus besos de los míos, y que lo recuerdes todo al despertar mientras disparas contra las manecillas del reloj al que maldices por ser el único culpable de trasladarte sin piedad al mundo real. Culpable como yo de estar enganchada sin remedio a una historia que continúa complicándome la vida de manera proporcional a la rapidez con que avanza el tiempo. Complicándolo todo porque tienes el don de la (in)oportunidad más irresistible que conozco, tan cierto como que conocerte es lo mejor que me ha quedado de la decisión más dura a la que me he tenido que acostumbrar. Como me he acostumbrado a que no juegues para no perder, a que hagas trampas para no ganar... a que no nos besemos para no soñar. Para no soñar con cada momento vivido que recuerdo, recordamos, con sorprendente nitidez mientras todo sucede exactamente al revés, mientras yo busco de forma inconsciente tu olor en otros nombres y otros cuerpos, mientras agoto mis esfuerzos en evitar que el pasado me alcance de nuevo. Y tú... tú lo arreglas diciendo que te vuelve loco mi sonrisa, y entonces sonrío mientras pienso cuánto te gusta que sonría, y todo se mueve en torno a un círculo de perímetro que tiende al infinito. Como al infinito tienden las ganas de eliminar el pegamento para que, si nunca vuelves, el mundo se caiga en pedazos, como los de las almas rotas, que si no se reparan a conciencia, nunca vuelven a cicatrizar, nunca vuelven a ser las mismas, nunca vuelven a confiar. Ojalá tuviera el valor de decir(te) que no pasa nada, que puedo esperar hasta que tú te des cuenta de la mitad de estas cosas y vengas a buscarme... pero no puedo estar esperando siempre y prefiero no mentir(me) hasta mañana, cuando vuelva a intentar convencerme por enésima vez de que tengo mil razones más para olvidarte que para esperarte.

jueves, 23 de octubre de 2008

Me gustas casi todo. Me gustas casi nada.

Me encantas cuando te mueves, cuando andas, cuando vas o cuando vienes. Cuando sonríes, cuando me miras, o cuando miras fijamente a algún lado. Cuando me preguntas, cuando dices que es imposible, cuando te dejas abrazar. Cuando me miras si estoy de espaldas, o cuando se te ocurre pensar en mí. Cuando preguntas cómo estoy o cuando te pones seria porque piensas en otro tipo. Cuando dices que estás agobiada y hasta cuando vienes con cara de no poder más. Cuando dices que estoy loco y cuando te ríes conmigo, cuando flipas porque te acompaño hasta casa, cuando te agobias porque estoy colgado.

Siempre.


Dónde están las palabras cuando las necesito... otra vez esa sensación de estar buscándolas en un diccionario incompleto.

domingo, 12 de octubre de 2008

El 28 (desde MadriZ)

Día de noticias infinitas desde la Ciudad de la Luz, hoy un poco menos lejos. - ¡Llevas todo el día hablando por teléfono! – oigo protestar a mi madre desde algún lugar indeterminado de mi casa. - Mamá, es desde París – contesto a modo de excusa, como queriendo explicarle que no puntúan igual las llamadas con quien está a veinte minutos andando de casa que cotorrear con quien está a más de dos horas de avión. La primera llamada, como todas las conversaciones contigo (últimamente más a menudo, pero creo que nunca ha importado cada cuánto), tú con tus ganas insaciables de hablar... y yo de escuchar. Y más ahora, que todo es nuevo y siempre has sido de fácil sorprender. Y a mí que me encanta que hablemos detodoydenadaalavez, sin hacer nada por evitar la sensación de envidia sana. Te noto genial, como niño con zapatos nuevos, pero literal, que algo (o mucho) de niño tienes, no vamos a negarlo a estas alturas de la película. La segunda llamada también ha empezado como todas, tus novedades y las mías, miles de risas, y recuerdos como siempre (¿has notado que siempre que hablamos recordamos cosas?) Y así, casi de pasada, casi sin darle importancia, la mejor noticia del mundo: - Llego en dos semanas. Pongo mi mejor cara de póquer, que obviamente tú no puedes ver. En cambio, escuchas: - ¿Perdona? ¿qué has dicho? Se ríe la muy cabrona, y repite: - Ayer saqué el vuelo, el día 28 estoy en Madrid. Empiezo a reírme sin control, no sé por qué, supongo que no lo esperaba, quizá porque llevaba toda la semana pensando que tres meses era demasiado tiempo hasta nuestro próximo encuentro. O quizá porque no me salían las cuentas para volar hasta allí sin llevarme por delante entregas, parciales y demás tonterías que me quitan el sueño. El día 28, perfecto. Más de dos meses desde que nos despedimos, rápido y de mala manera, en una estación de tren llena de gente y a dos minutos de salir rumbo lejos_de_mi_lado. Y tarde, como siempre (nunca me han gustado las despedidas, y últimamente, demasiado presentes) De repente, el caos: tú vienes el 28, yo voy en noviembre, tú vuelves en diciembre, y nos vemos en enero... volvemos a ser las dos de siempre, haciendo planes a corto/medio/largo plazo, eso qué importa... Hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos.

A los dos, que habéis hecho de éste un domingo atípico, nos vemos pronto, prontísimo.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Un día como hoy

Me encanta levantarme de la cama y que no-haya-nadie en casa. No es que tenga mal despertar pero hay dos de los tres miembros de mi familia que se despiertan con las ganas de hablar acumuladas. Y yo me tomo el tiempo necesario para beberme sin prisas un café corto de café y con leche fría en mi vaso de toda la vida que alimente mis energías de efecto retardado mientras me dedico a pensar en las de sobra conocidas musarañas. Cualquier palabra anterior a ese proceso no hará más que aumentar mi ya consolidada y familiar fama de borde, que todo sea dicho, ganada a pulso durante años. Pero la cosa cambia considerablemente si con el que coincido de buena mañana es con mi padre, somos iguales, qué le vamos a hacer. Buenos días en el mejor de los casos, y cada uno de vuelta a sus musarañas, con la radio como sonido de fondo, y generalmente interrumpido por uno de los otros dos seres con ganas desbordantes de conversar. O incluso por los dos, y pasar en segundos de un estado de sopor y tranquilidad a un completo caos de crecimiento exponencial... Así que un día como hoy, que me despierto y remoloneo en la cama durante más de cien minutos, que me tomo despacio mi café (sí, mamá, con leche fría...) y no tengo que contestar al mismo batallón de preguntas de todos los días... seguro que va a ser un buen día.

Seguro.